Pocas palabras se escuchan más hoy en día en el mundo de los negocios que startup

Pocas palabras se escuchan más hoy en día en el mundo de los negocios que startup. Amazon, Google, Facebook y Apple en algún momento lo fueron. Pero, ¿Qué hace que un startup sea diferente a un emprendimiento?. Se podría decir que una startup es un emprendimiento, pero no todo emprendimiento es una startup.

Emprendimiento implica comenzar un negocio desde el prinicipio, con sus riesgos y potencialidades. Muchos de ellos están dirigidos a incursionar en modelos de negocios maduros: una posada, un restaurante, la construcción de una edificación de cualquier tipo para su venta, son solo algunos ejemplos. Aunque tengan aspectos novedosos, se enfocan en producir bienes o proveer servicios que son conocidos. Este tipo de emprendimiento, necesario e inclusive imprescindible, no es una startup.

Por otra parte, hay quienes gustan de retar el status quo, imaginarse formas totalmente nuevas de prestar servicios o crear productos antes inexistentes. Se atreven a ver problemas que para otros han pasado inadvertidos, incluídos aquellos que los sufren, e identifican formas creativas para resolverlos. Dedican su talento a hacer aquello que para muchos luce inimaginable. Éste es el mundo de las startups.

Es así que viven en el ambiente de la incertidumbre y la innovación. Y con estos dos elementos en mente, intentamos una síntesis de los conceptos que se consiguen por allí, para definir startup: una organización concebida para desarrollar un modelo de negocios repetible, escalable y rentable, para un producto o servicio nuevo, en condiciones de gran incertidumbre.

De esta definición encontramos dos elementos centrales. El primero es su objetivo: Desarrollar un modelo de negocios repetible, escalable y rentable. El otro se refiere a las condiciones bajo las cuales lleva adelante ese desarrollo, gran incertidumbre. Por ahora nos vamos a centrar en este último.

El primer desafío que enfrenta una organización de este tipo, es conseguir un cliente, y más aún, lograr que esté dispuesto a pagar por su creación. ¿Será que en lugar de individuos son empresas los interesados, o viceversa?. Tampoco sabe cuál es el canal a través del cual lo va a hacer conocer a su cliente, inclusive es posible que no tenga claro los costos en los que incurrirá para producirlo, hacerlo conocer, distribuirlo, y cobrarlo. Igualmente desconoce cómo va a generar ingresos y las métricas que le van a permitir saber si está avanzando, y si su producto está siendo aceptado.

Las dificultades que genera moverse rodeado de tanta incertidumbre, se deriva de que no estamos formados para enfrentarla. No nos gusta, nos incomoda, no hemos sido educados para plantarle cara. El sistema educativo formal, así como el entrenamiento que recibimos en el trabajo, incluidas las propias escuelas de gerencia nos enseñan a lidiar con un mundo de certidumbre. En general, el producto o servicio con el que nos toca trabajar ya es conocido, los segmentos de clientes a los que se dirije están definidos. Usualmente se cuenta con un buen plan, una sólida estrategia y completas investigaciones de mercado. Para elaborar una proyección de ventas o un presupuesto de ejecución usualmente lo que se hace es tomar como referencia lo realizado en el pasado. En las startups simplemente no es posible aplicar los métodos tradicionales de gerencia.

Ante esta realidad hay quienes adoptan el enfoque de “simplemente hagámoslo”. Pero resulta que esto también ha demostrado ser un camino destinado al fracaso.

Afortunadamente hoy en día se cuenta con una gran experiencia en lograr que startups se conviertan en empresas altamente rentables. Más aún, se ha venido desarrollando una metodología que permite de manera sistemática hacer que una idea se convierta en un producto o servicio exitoso; o que en el peor de los casos, se abandone esa iniciativa antes de que se derrochen recursos y tiempo valiosos.

Inclusive me atrevería a señalar que más que una metodología, se ha generado todo un cuerpo de conocimiento, algunos inclusive lo denominan “movimiento”, alrededor de lo que se conoce como Lean Startup. La forma como funciona se puede ver en el gráfico siguiente:

La idea es que a partir de una idea de negocio, se construya lo que se denomina Minimum Viable Product (MVP) o Producto Mínimo Viable, para probar esa idea llevándola a un grupo de potenciales clientes, conocer sus reacciones y en función de ellas corregir lo que así lo requiera antes de salir al mercado. Sobre los detalles de cada paso hablaremos en otra oportunidad.

Originally published at https://medium.com on June 14, 2019.

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